lunes, 6 de junio de 2011

Metrosexual


Recién Romina me miro mal cuando pesqué con el tenedor la tercera milanesa. No me dijo nada pero se quedó mirando cómo la bañaba en ketchup, mordiéndose el labio para quedarse callada. Hubiese preferido que me diga: "Gordo, largá la milanesa, no quiero dormir con una morsa al lado el resto de mis días". El silencio de Romina es mucho peor, lapidario, porque sé que por dentro lo piensa. 

Ojo, a mi también me jode de a ratos la panza que cargo. Me hincha las bolas fatigarme cuando juego al fútbol con los pibes, por ejemplo. Pero nunca podría hacer lo que hace Romina con sus ensaladas de mierda y sus yoghures light con colchón de frutas. ¡Soy un hombre, carajo! ¿Te imaginas a tu viejo o al mio comiéndose una sopa con germen de trigo para poder entrar en unos pantalones? ¿Para qué poronga sirve el germen de trigo, me querés decir? Siempre me sonó a alimento balanceado y cuando Ro me empujó una cuchara para que lo pruebe, lo comprobé definitivamente. 

Tengo 32 años, papá. No estoy ya para estos planteos. ¿Qué espera Romina de mi, exactamente, que tenga la tabla de lavar de los modelos de calzones que ella mira de reojo cuando vamos por Panamericana? Está equivocada y que no tenga los huevos para decirme que le jode ir siempre arriba me frustra más que su plan secreto de incluir germen de trigo en todas mis putas comidas

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