domingo, 12 de junio de 2011

Compartir una película como se comparte una mandarina


No sé por qué le propuse a Rodrigo ir a ver una película. Pensé que la elección iba a ayudar a que no se ponga de un humor de perros -- "The Hangover 2" no es, decididamente, una película de chicas- pero ya desde que se subió al auto se puso de mal humor. Yo lo entiendo, le molesta la gente, le molesta que le respiren encima y tener que hacer cola hasta para ir al baño es un garronazo.


Pero, dale. Nunca salimos, siempre estamos trabajando, nunca hacemos nada juntos. Era una tarde re linda para hacer algo juntos, para compartirlo. Ver una película y comentarle algo a la persona que tenés al lado es lo más natural; es una expresión de cariño y de confidencia. Compartir un chiste como se comparte una fruta, como compartimos tantísimas otras cosas. Pero no, a él le molesta todo.


Igual, coincido en algo con Ro: a mi tampoco me gustan las parejas. Pero no es porque no tolere que charlen sobre la película, no, eso no me importa, yo también sé que soy charlatana. Lo que más me molesta de las parejas es que me recuerdan todo lo que ya perdimos con Rodrigo; todo lo que ya nunca vamos a poder tener. Me encantaría que salga de él la propuesta de ir a ver algo juntos, que piense en mis gustos como yo pienso en los de él; amaría que me trate como si estuviésemos en una primera cita, como si todavía todo fuese una promesa. Después de 10 años no hay tantas oportunidades para agarrarnos de la mano ni para hacer chistes cómplices ni para nada, aparentemente. Sólo el mal humor que le producen los otros y, a veces, también yo.

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