viernes, 20 de mayo de 2011

1. El que no salta es un inglés


Me recontrachupa un huevo la boda real. Casi la mato a Romina cuando me despertó a las seis y media de la mañana para parlotear con Lucía sobre el casamiento de ese pelado botón con esa minita inglesa sin tetas. Una vez que me despertó, entre los gritos excitados de Romina y el imparable tiqui-tiqui de sus dedos contra el teclado no me pude dormir más. 

Desistí y prendí la tele de la pieza. Macho, son las seis de la mañana, la gente necesita saber si el subte va a horario, no puede haber cadena nacional inglesa en todos los putos canales. No entienden una verga los periodistas, a esa hora innombrable quiero saber si tengo que usar piloto o ir en chomba a la oficina, no si el sombrero de una de las primas de la novia tiene forma de mandarina. 

Igual, ojo, me parece que Romina se equivoca. No es que no la entiendo. No, la entiendo muy bien, pero me hincha las pelotas igual. En una discusión que tuvimos cuando salí de la ducha, le canté la justa: "Nena, ¿no te acordás en 2002 cuando la selección del pecho frío de Bielsa jugaba a las 4 de la mañana? ¿No me levantaba igual a esa hora con lagañas, sin dormir una mierda para ver que Suecia-- ¡Una selección del CULO!-- nos dejase afuera del mundial?". Me dejó duro con lo que me contestó: "Si, pero mientras vos llorabas la eliminación, la que se levantó a hacerte un maté fui yo". 

Ganarme una discusión a esa hora es muy fácil. 

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