viernes, 20 de mayo de 2011

1. Royal Wedding



El día del casamiento del Principe William y de quien ahora es su esposa, la hermosa Kate Middleton, me desperté tempranisimo para ver la boda y comentarla con mi amiga Lu por Gtalk. Rodrigo me dio un almohadonaso porque lo desperté cuando me levanté. Es que él no entiende: los grandes acontecimientos históricos se tienen que ver en vivo, live, no comerse un segmentito después en el noticiero del mediodía con Catalina Dugli pronunciando mal todos los apellidos. My god. 

Me hice un té -- Lipton tea, of course!-- y devoré todas las galletitas de avena y pasas que hice el día anterior y que prometí no tocar hasta la merienda. Es una compulsión rarisima tragar galletitas sin parar en un salto de cama turquesa, comido en las mangas por las polillas,  mientras ves a gente tan glamorosa dar un paso tan importante como casarse. Me encantan, sobre todo, los sombreros raros y los vestidos largos. Amo, en general, todas las tradiciones inglesas pero, por más que lo intenté, no pude terminar el té. 

Con Lu fantaseamos un rato con cómo sería nuestro casamiento. Después debatimos un rato sobre el uso de mangas largas en los vestidos de novia-- para mi son un categórico no, pero Lu piensa que pueden esconder imperfecciones. La torta, ¿de un piso, cuadrada y gigante o redonda y de varios pisos como una torre en donde los novios de mazapan son felices para siempre? Torre, sin dudas, la prepararía yo. 

Hacia el final de la transmisión, escuchando el ruido de la ducha, identifiqué esa sensación rara que me pensaba en el estómago y que no eran las galletitas: ¿Por qué, después de 9 años de novios, 2 de convivencia, todavía Rodrigo no me preguntó si quiero pasar el resto de mi vida con él? ¿Cuánto falta para que me toque a mi decidir sobre cuestiones insignificantes como tortas y mangas de vestidos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario